Make it funky

El Auditorio Nacional se convirtió en una pista gigante en la que todos comenzamos bailar.  La gente de seguridad pareció entender que aquella era una ocasión única y dejó cierta libertad para que, a través del baile, liberáramos la euforia que llevábamos dentro.  Las luces del recinto se encendieron y dieron paso a que JB presentara su banda.  Al compás de los candentes versos de “Sex machine”, cada integrante hacía su solo.

Pude ver entonces un lleno espectacular, totalmente diferente a lo que se apreciaba dos horas antes (cuando llegué el auditorio lucía medio-vacío).  James Brown se veía realmente conmovido y agradecía sinceramente a su público por la ovación que le brindábamos de pie.  Después, dio media vuelta, y por más que aplaudimos, no volvió a salir.  El encanto se desvanecía como un oasis en el desierto.  Una combinación de emoción y tristeza se apoderó de mí.

Todo terminó casi a las diez y media.  Me esperé dentro del auditorio cuanto pude.  Trataba de asimilar el concierto mientras la adrenalina fluía aún por mi cuerpo.  Cuando salí, estaba decidida a adquirir algún souvenir.  Para esa hora, había muchos puestos que recorrer.

Mi poster

La noche se hacía vieja cuando por fin pensé regresar a casa.  Eran ya las once cuando escuché a alguien hablar inglés.   La reconocí inmediatamente, no había duda, era una corista.  ¿Acaso era posible que…? ¡Sí, la banda de James Brown había salido a ver lo souvenirs también! A mi lado pasó un vendedor de pósters y no lo pensé dos veces para comprar uno.  A fin de cuentas, ¡qué mejor coleccionable que un póster autografiado!

Fueron diez minutos los que pasé hablando con los JB’s.  Luego más personas comenzaron a rodearlos.  El muchacho de los pósters estaba feliz porque su material se vendía como pan caliente.

La del 25 de febrero de 2005 había sido redonda, espectacular.  El Señor Dinamita había cumplido lo que reza su canción “Gonna have a funky good time” (Vamos a tener un buen momento funky).  Y yo había cumplido un sueño que tenía desde niña: ver a uno de mis cantantes favoritos.  Tuve la impresión, entonces, de que algo así no se repetiría jamás…

Bye, Mr. Brown

En efecto, el 26 de diciembre del 2006, la vida de James Joseph Brown se apagaría.  Sus características expresiones como “Good God!” (¡Dios Santo!) y “Hit me!” (“¡Dame!” o “¡Golpéame!”) no se escucharían de nuevo en vivo, sino sólo en discos, videos y en la memoria de quienes habíamos compartido, meses atrás, una hora y media con el Padrino del soul.