Human brain

Aquí está la tercera entrega del reportaje “El lado científico de la música”. Hoy hablamos de la música y cuestiones cognitivas, haciendo especial énfasis en la neurociencia dedicada a la music. Ésta es mi parte favorita de todo el reportaje, algo poco técnica, pero sin duda muy interesante. Aquí va.

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Dentro de los estudios que existen sobre el cerebro humano, se hallan una serie de disciplinas especiales y relativamente nuevas denominadas “neurociencias”. Disciplinas  “dedicadas al estudio de la estructura, función, desarrollo, química, farmacología y patología del sistema nervioso, así como  los diferentes elementos del mismo sistema que interactúan y dan origen a la conducta humana” (definición de la RALE).

Es decir, las neurociencias son primas de la neurología. Basan sus premisas sobre la forma en la que opera el cerebro humano. Por ejemplo, un neuroarquitecto construirá un edificio con la estructura necesaria para producir en el cerebro un determinado efecto, ya sea de bienestar en general, o para que al entrar en una habitación se facilite el aprendizaje matemático.

En el caso de la neuromusicología, se entiende a la música como estimulante de procesos cognoscitivos, afectivos, y sensorimotores complejos que ocurren en el cerebro. Esto significa que para comprender la música se activan distintas zonas cerebrales, lo que convierte a este proceso en algo complejísimo para el cual se requiere de mayor habilidad.

Los inicios de la neuromusicología se dieron en 1985, cuando Gordon Shaw, Dennis Silverman y John Pearson descubrieron cómo la estructura física del cerebro produce patrones específicos de descargas eléctricas, —es decir, la manera en que las neuronas se comunican entre sí— para realizar distintas actividades.

Zonas activas al escuchar música

Dichos patrones son los mismos que se encuentran en la música, es decir: el cerebro está diseñado antes que para cualquier otra cosa, incluido el lenguaje hablado, para reconocer la música; todas las actividades se basan en las formas como el cerebro reconoce la música.

Por lo anterior, la investigación biomédica en música se concentra, en psicomotricidad; terapia de lenguaje, así como en el aprendizaje sobre el manejo del dolor y rehabilitación cognoscitiva en áreas tales como memoria y la atención. Aquí, los sonidos rítmicos actúan como “controladores sensoriales”: entrenan a los controladores del cerebro que trabajan sobre la sincronización y coordinación del movimiento, todo al ritmo de la música.

Música y lenguaje

En conclusión, el sonido puede despertar e incrementar la excitabilidad de las neuronas espinales dedicadas al movimiento. Esto sucede porque las conexiones auditivas-motoras en el cerebro y la médula espinal se activan al escuchar música. Los sonidos rítmicos también conllevan a la sincronización de la actividad muscular.

Los estudios han demostrado que el estímulo musical puede ayudar a mejorar síndrome visual; ayuda a corregir problemas de acceso a la memoria verbal y, en general, mejora la función de la memoria en general. Los ejercicios musicales pueden también entrenar con eficacia a las funciones ejecutivas, tales como razonamiento, la organización, el solucionar de problema, toma de decisiones, etcétera.

La música ha ido cobrando importancia como método terapéutico y agilización del aprendizaje. Diferentes corrientes se han formulado, dejanto todas en claro que la música provoca una estimulación fisiológica. Es intelectual, emocional, y restablece la conexión entre la mente y el cuerpo.