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Ska!

Antes de continuar la serie de posts sobre “música adictiva” quiero hacer un paréntesis para hablar de un subgénero musical que no he tocado en la Music Box : el ska, híbrido surgido del jazz y swing en la Jamaica de los 1950s. Una música con gran número de seguidores, a la que muchos, por lo menos aquí en México, llaman también música de protesta.

Para algo así de especial les traigo, directamente de mi baúl de recuerdos musicales, una crónica versada sobre cierta tardecita de-pinta universitaria muy a lo ska progresivo. Texto acompañado de sus respectivos videos rescatados de internet, así como fotos tomadas por mi pequeño celular con su entonces potentísima-cámara VGA de medio mega pixel. Tiempos aquéllos, caray!

El ska de la resistencia

Siempre fui cumplida en la Universidad. No acudía a fiestas, —no sé si ahora me arrepiento de esto—; iba de la casa a la escuela estudiando casi todo el día. Dedicada como buena nerd al aprendizaje no sólo de mi carrera, sino al de otras afines porque tomaba varias clasesitas en distintas facultades de la misma UNAM. Según mi familia, “mi onda” debía ser estudiar con t-o-d-o. De tal forma que amaba el ambiente universitario y anhelaba bien-aprovechar el tiempo en la Máxima Casa de Estudios ya que entrar en ella no era, ni es, cosa fácil.

En ese 2006 yo era ya una pre-reportera bien curiosa. Mi mente andaba enfrascada en letras y más letras, inmersa en un mundo analítico-filosófico-bohemio. Así que en mi afán por vivir la experiencia puma al 100% yo pasaba horas haciendo tareas o estudiando con la ayuda de unas cosas rectangulares y llenas de hojas que no tenían funciones touch ni cámaras incluidas.

Visitaba varias bibliotecas en donde leía esas cosas [no como otros que mágicamente se hacen “presidentes” sin tener el mínimo hábito por la lectura o, siquiera, un mínimo de cultura general]. Pero cuando terminaba las tareas, me daba el rol en mi querida Universidad. Caminaba admirando jardines, explanadas, expos, talleres, conferencias magistrales… Todo lo habido y por haber. Eso sí, casi siempre con la mochila llena de fieles libros.

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Fila para entrar

Sin embargo, cierto miércoles mientras viajaba, en el entonces complicado y tardado pumabús, pasé frente a las canchas de beisbol que aquella tarde se hallaban muy abarrotadas de estudiantes y música. Puff! Como abeja atraída hacia una jugosa flor, caí atrapada por la intriga. Curiosa, amante-de-la-música y siendo un animal político, pues caramba, no lo pude evitar!

Dejé al pumabús avanzar mientras yo leía en una cartulina puesta sobre la reja: “donativos en especie: bolsa de arroz, frijoles y botellas de agua”. La fila frente a la cartulina era enorme pero como buena reportera comencé a hacer entrevistas. Eran las 3:30 pm cuando le pregunté a un compañero cuál era la razón para que tanta gente estuviera ahí. “Es para entrar al concierto. Dejas las bolsas de arroz y pasas”, dijo. “Es un toquín con Botellita de Jerez, Salón Victoria, Los de Abajo y La Maldita Vecindad”, comentó otro.

conciertosmexskacom

Cortesía de “conciertosmexskacom”

Un “ahhh… Órale” plano cruzó por mi mente. No me emocioné tanto porque no conocía mucho la música de la mayoría de esos grupos más que la de La Maldita. A pesar de que en su boom por allá de los 1990s había oído a aquellas bandas, su impacto no había sido tanto como lo sería ese 30 de agosto de 2006. Lo que sí me emocionaba era el hecho de estar en un concierto GRATIS. Así que sin dudarlo decidí quedarme un rato.

Sólo que no había comido y el dinero que llevaba era para mis pasajes (lo demás se me iba en sacar fotocopias). Mi mochilota estaba llena a tope, aunque eso sí, estaba bien cómodamente vestida con un pantalón de mezclilla viejo algo roto y unos tennis de uso rudo… Así que por ese frente no había problema. Entré al evento dejando como donativo la botella de agua que bien pudo haberme quitado el hambre.

Era una tarde despejada, no obstante, ya comenzaba a gotear. Pero ni las gotas, ni el viento fresco cortaban el ambiente muy a lo ska; muy neta con un toque de protesta. Ah, porque era un toquín con causa. En esta ocasión, protesta musical contra los negativos e incongruentes resultados de la elección presidencial que la apuntaban hacia el fraude. Aquél agosto marcaba el inicio en la UNAM y en muchas partes del país una “resistencia pacífica”. Resistencia con la cual principiaba también la época más encrespada, políticamente hablando, de los últimos 20 años, misma que tiene su desembocadura hoy día…

Botellita

Botellita de Jerez

Cuando entré a la cancha sólo tenía disponible un momentito para fisgonear porque debía regresar a la Facultad 15 minutos antes de las 4 pm dado que a esa hora comenzaba mi única clase del día. No me quería perder 240 minutos sobre Caricatura Política en el salón B11. Así que, cual Cenicienta universitaria, decidí entrarle a la experiencia pensando en que mi reloj me echaría la mano con una alarmita recordona de la hora precisa para irme.

Mientras tanto fui avanzando desde la parte trasera del lugar hasta colarme justo al frente del escenario. Ya habían terminado su actuación dos grupos. Según el programa (el evento musical había comenzado a las 2 pm), faltaban dos antes de que La Maldita Vecindad finalizara el concierto.

Entonces, mi reloj pareció detenerse. El ska no era mi música preferida, pero el Salón Victoria, había logrado convencerme para quedarme ahí, en lugar de ir al B11 en donde ya seguramente me nombraban y yo me hacía merecedora de una inasistencia. Caray, el gusanito “me voy de pinta” me había picao… Pues ya ni modo. Estaba ahí y ora a vivirlo con todo!

puntoscardinales

Puntos cardinales

Salón Victoria, había también logrado quitarme el hambre. Pero aún así yo esperaba con ansias a La Maldita. Uy, cuando porfin llegó el momento en que Rocco, su vocalista, subiera al escenario y “pidiera permiso” a los cuatro puntos cardinales para hacer un buen concierto, yo andaba ya en mi segundo nivel de delirio musical. Eran las 6 pm y la vibra ya había contagiado a todos.

“Solín”, “Pata de perro, “Los agachados”… sonaban con todo. Aquello era genial! Despliegue de talento pachuco. Concierto gratis y yo de pinta. Quién lo hubiera creído! Pero valía la pena, incluida la mojada y el golpazo que me había llevado al caerme encima un compañero en pleno slam antes de terminar el evento…

finc

Kumbala

El tiempo regresó a mi reloj cuando ya pasaban las 7 pm justamente luego de escuchar “Kumbala”. Para entonces a mi clase le quedaba menos de una hora y dado que me daba pena entrar, mejor inicié mi viaje de regreso a casa. Había terminado la sesión de ska. Ahora, a caminar y aguantar 90 minutos en transporte público para por fin llegar a comer.

Estómago vacío, pero mente llena con la anécdota que aquí comparto. Momentos que sólo se viven una vez. Una vez y en mi querida Universidad…

Les dejo unos videos de Youtube que retratan aquella tarde. Son de baja calidad tecnológicamente hablando, pero les darán una idea de cómo estuvo el toquín. Y como plus para cerrar el post, dos rolas: una de Salón Victoria y otra de Panteón Rococó que aunque no estuvo en el evento esa vez, bien ejemplifica el porqué de adjudicarle al ska mexicano el mote de “música de protesta”.

Kumbala, perspectiva 1

Kumbala, perspectiva 2

Salón Victoria, Si tu boquita fuera

Panteón Rococó, La carencia