Me llamo Wendy, como la primera novia de Peter Pan —estoy tan acostumbrada a que todo mundo asocie inmediatamente mi nombre con aquel niño volador—. Soy mexicana de nacimiento y condición. ¡Así mero! Originaria del México magistralmente retratado por El “Indio” Fernández y Gabriel Figueroa: un terruño caliente, lleno de gente amable, y con permanentes nubes esponjadas navegando en un maravilloso cielo azul… O qué, ¿hay otro México?…

Tengo veinti-y-algo años. Mi cumpleaños es el 6 de enero, así que mis padrinos son los mismísimos Tres Reyes Magos. Ehhhh, ahí no’más, pa’ que vean que nací con estrella, ¡í’ñor! Por eso los amigos me llaman “princesita” o “estrellita”. :]

Soy orgullosamente chilanga —por cierto adoradora de la comida picante—. Vivo en esta ciudad caótica llena de autos y smog. Mi lugar favorito para pasear es El Centro. ¡Oh sí!, ése lugar cabalístico, que además de fungir como punto de compra-venta masivo, es en donde se funden el pasado de una civilización gloriosa y el presente escandaloso de una ciudad que intenta ser moderna.

Si he de describirme, diría: curiosa, romántica, sentimental y melómana. Eso es lo principal. Estudié el kinder y llegué hasta la Universidad. Fue en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM donde me convertí en comunicóloga. ¡Uuuuy, ocuparía varias páginas para contar mis treinta mil anécdotas!

Mi salud siempre fue un problema constante durante la primera década y media de mi vida. Aunque no me quejo porque no todo fue malo. Desde entonces le tomé especial cariño a la lectura, las computadoras, la música. Tuve la fortuna de que mi tía me leyera cuentos en las noches; de tener mi primer walkman, así como acercarme, de manera casi mágica, a un mundo retro que me enamoró a través de la televisión y la radio.

Ese “mundo retro” al que me refiero envuelve dos culturas: la mexicana y la gringa. La primera engloba aquellas viejas pero fantásticas películas de rumberas y a otras en las que quedaron plasmadas figuras como Clavillazo, Tin Tan, Cantinflas; Ana Bertha Lepe, Ninón Sevilla y otras muchas leyendas. Incluye también a Los Tres García; la música de José Alfredo Jiménez, Javier Solís, Miguel Aceves Mejía…

En el otro lado se hallan los filmes de Fred Astaire, Gene Kelly, Frank Sinatra; Marylin Monroe, —películas como Ziegfeld Follies; Singing In The Rain; In The Town; Gentlemen Prefer Blondes—, entre otros. Pero lo que más me impactó fue la música, precisamente la que va desde Glenn Miller, pasando por el blues, rock’n’roll y el funk, hasta llegar al disco.

Veía y escuchaba todo esto desde que tenía siete años, por allá de los 1980s. Y como pueden leer estoy enamorada de los 50s hasta el tuétano. Ora que si de amores hablamos, Elvis Presley ocupa el primer peldaño. La imagen de su rostro, su sonrisa y su voz me han acompañado todos estos años. Asímismo, cómo olvidar a mi moonwalker: Michael Jackson (mi primer amor, cuando niña ;))…

No concibo mi vida sin la música ni mis libros. Desde pequeña los vislumbré como compañeros de viajes y así será siempre. ¡Qué sustancias alucinógenas ni qué nada! Un buen libro hace trabajar a la imaginación más que cualquier otra cosa de ésas.

Y qué decir sobre la música… Cada célula de mi cuerpo tiene forma de nota musical; cada suspiro lleva el ritmo acompasado de una canción.

Mis dos grandes inspiraciones musicales.